Entre Monasterios

El desierto

Hay un mirador entre los dos monasterios, el nuevo y el viejo. Una barandilla te asoma al parque natural del Desierto, en el que conviven pocas palmas y muchos pinos. Se supone que debieran coexistir con alcornoques y carrasca pero el pino ha conquistado el territorio. Los palmitos con forma de mano abierta, iguales que los de la trama de la puerta de Gaudí en la casa proyectada en la calle Carolinas en Barcelona, se veían más cuando los pinos eran jóvenes, pero si te fijas los descubres.

Desde la tribuna, el monasterio viejo es lo primero que focalizas. Son dos edificios, uno frente a otro, de piedra naranja, casi rojiza. Serán de piedra de rodena. Han caído los techos pero las cuatro paredes maestras, anchas, orgullosas, aguantan en pie. El edificio principal luce una espadaña doble, de dos alturas, y la marca, a modo de evocación, de una desparecida escalera en la fachada. Me recuerda las imágenes de las misiones españolas construidas en la Edad Moderna en América.

Aparca un coche. Sale una mujer de pelo negro y tez blanca, lleva un niño pelirrojo en brazos y una bolsa al hombro. Se sienta en un banco, extiende un cambiador, tumba al bebe y saca un pañal. Vuelve al coche. Aparece a mi lado, ha cambiado la bolsa por una cámara y hace fotografías, no sé cómo lo consigue con el bebé en brazos.

El viejo te lleva al nuevo, que nace a nuestra derecha, casi a la altura de nuestro mirador. Un edificio de tejas rojas pintado color crema. Suenan sus campanas. A bote pronto, lo hacía más joven, pero los carmelitas descalzos se trasladaron por la destrucción del viejo por unas riadas en 1783.

Volvamos a apoyarnos en la barandilla, segunda mirada, superado el monasterio viejo, las suaves colinas, la zona de acampada de los festivales, los pinos, dos líneas de apartamentos y el mar que se funde en el horizonte con el cielo.

Llegan ciclistas y con la excusa del paisaje, paran, descansan y beben. Hablan de sus cosas, bicicletas, platos, piñones y kilómetros, y, claro, de rampas. Se apoyan en la cruz blanca, sobria, que no es la grande que se ve desde la carretera que sube de Benicasim.

You may also like