El Refugio de la Parreta

El Refugio

En el Refugi estás rodeado de ciclistas por todas partes, lucen mallots ajustados y pantalones estrechos, marcando paquete sin vergüenza. Las palabras que más se oyen en el bar son Bartolo y rampa. Del Bartolo sólo se ven las antenas de telecomunicaciones.

La terraza luce promociones de la marca San Miguel, las copas, las sillas y las sombrillas son publicidad indiscreta de la cerveza. Es mono marca. Se desayuna contundente, bacalao, tortilla de patatas o beicon con huevos. El Refugi está camino de Montornés en la urbanización La Parreta. Preside la terraza un algarrobo frondoso con las vainas marrones, negras, colgando. Hubo un tiempo que el algarrobo era un árbol típico del secano del mediterráneo español. Le acompaña una palmera. Una horrible carpa blanca cubre la mitad de la terraza. Es mejor que el local sea feo, impermeable a las nuevas modas del diseño. Gracias a su indiferencia a la modernidad pervive una tradicional barra de tapas.

Un gato blanco, albino si no fuera por la cola negra, cruce de siamés, busca migas entre las mesas. Le ofrecemos algo de bacalao que acepta. Tiene los ojos azules muy claros, salvo el iris que es un punto de tinta china azul difuminado con un pincel mojado, pero si no te acercas parecen blancos.

Los ciclistas rezagados que se incorporan a las mesas están obligados a aguantar las bromas de su grupo. La voz cantante es cantarina, estilo Zaragoza.

¿Qué? ¿Se os han atragantao las rampicas?

Los deportistas ríen y hablan. Hablan lo que no han podido mientras se esforzaban a los pedales.

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