El murete

El murete

Es la frontera felizmente artificial entre la playa y el paseo. Su éxito llega por la noche cuando el jefe, Señor Sol, se ha ido. Hay dos tipos de personas que se sientan en el muro, las que miran al oscuro mar y las que miran al alumbrado paseo. Los que miran al paseo, se sientan en parejas o en tríos y hablan, cotillean de sus familias o conversan de fútbol. La política no se comenta en vacaciones más que superficialmente, eso no pasa en el lugar de donde vengo. Los que miran al mar van solos y concentran los sentidos en buscar las olas en la penumbra, con la vista y el oído. Pero, no pueden conseguir su objetivo, sus pensamientos van y vienen revoltosos y se ocupan en otros temas menos poéticos.

El abuelete sale del apartamento, pantalón corto y camiseta de la Cultural Deportiva de Castellón. Siempre lo hace a la misma hora, para recuperarse del ajetreo del día y en especial de la agitada cena familiar. Anda unos pasos. Se sienta en el murete a la altura del apartamento. Hace menos calor que en la terraza, el aire siempre se para a esta hora. Se sienta en  el recodo del muro del que nace la escalera que baja a la playa. Así que puede girar como la luz de un faro, controla 270 grados, los pescadores nocturnos peleándose con el mar, los paseantes con sus parlamentos y la línea de costa con sus luces centelleantes, que se encienden y se apagan como las grandes computadoras de las viejas películas de ciencia ficción.

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