El Charquito

El Charquito

La restauración de la zona del pueblo de Benicasim se ha multiplicado en los últimos tres veranos, principalmente para atender cenas. Hay un montón de bares y pequeños restaurantes que reflejan el diseño de un interiorista profesional, unos con una decoración más acertada que otros, pero no la personalidad del restaurador o la comida que se sirve. No, no estoy contra de lo nuevo, ni del interiorismo. Hay locales nuevos que me gustan pero los bares viejos están en peligro de extinción. Nadie quiere lo viejo. Alfonso X el Sabio, que escribió eso de quemad viejos leños, leed viejos libros, bebed viejos vinos, tened viejos amigos, se olvido de los viejos bares. Bueno, en realidad, no estoy de acuerdo con el rey castellano, se deben leer libros nuevos y viejos, beber vinos jóvenes y viejos, tener amigos nuevos y viejos e ir a bares nuevos y viejos, de lo de los leños no sé nada.

La tasca El Charquito es uno de los bares de más solera del pueblo. Se podría decir que es sólo una barra, tal vez la única barra de Benicasim. Sí, era sólo una barra pero ha crecido. Ha ganado el local contiguo y una terraza en la calle Santo Tomás. La gracia del local es su crecimiento por sedimentación y esos parches son los que lo convierten en uno de los buenos.

Encontrar un hueco requiere la habilidad de una ardilla. Sirven las tapas de toda la vida, incluidos los platos de jamón y queso, de buena calidad, cerveza fresca y vino, dispone de una extensa carta. Optamos por calamares, boquerones rebozados y mejillones al vapor. Los camareros son eficientes pero van de culo y, por supuesto, de negro. La música baila con la decoración taurina, cabeza de toro incluida, Lola Flores, El Pescaílla, Los Manolos, Camarón, Sabina.  Al otro lado de la barra, un tipet luce una camiseta del Rayo con el nombre de Tamudo a la espalda. No, no es madrileño, ni un periquito, es un orellut que le agradece que bajara al Villarreal a Segunda, aunque fuera por una temporada. No, el ambiente no es futbolero, se impone el mundo de los toros, en carteles, fotos y recortes. Manolete nos mira profundamente, en blanco y negro, vestido con traje, corbata clara, un pañuelo bien puesto asoma por su bolsillo, y atiende serio a nuestras conversaciones.

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