Biblioteca del Mar

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Es difícil encontrar sitio en la mesa hexagonal de la zona de prensa, pero he encontrado un hueco. Consulto, gratuitamente, la mayoría de los periódicos del día y un montón de revistas, todos tienen interés, debería haber sido quiosquero.

Hay wifi libre por lo que los adictos a las computadoras se sientan con su tablets y ordenadores en los alrededores y se convierten en raros usuarios de la biblioteca. Es de madera oscura, caseta, paredes, estanterías, mesas y sillas, transmite calidez y eso no es muy veraniego. La caseta liberada de la necesidad de unas golfas o altillo gana altura hasta el tejado, lo que supongo hace ganar frescura, algo hará. Que no es un sitio fresco lo demuestra el ventilador encarado hacia la bibliotecaria. Podrían haber desplazado el barracón bajo las palmeras y el eucalipto, pero no. La caseta está decorada con grandes dibujos infantiles pintados sobre la madera. Ilustraciones aparte, me recuerda a la que tenían mis tíos Julio y Asunción en su terreno de Tarragona.

Hay un trasiego espaciado de niños y viejos que devuelven un libro y se llevan otro, nadie se queda a leerlos. Los de mediana edad o bien se han pasado al libro electrónico o bien no leen. Entre los usuarios es mayoritario el sexo femenino excepto en la sección de lectores de prensa, donde estoy acomodado.

Ahora la bibliotecaria se aburre. Un año dieron a los chavales un álbum de cromos que debían completar, cada libro cogido a préstamo era premiado con un cromo, me pareció una idea estupenda, pero los bibliotecarios de entonces detectaron un increíble aumento de los usuarios infantiles y dudaron que conllevara un aumento de la lectura. Ante la duda, suprimieron los cromos.

 

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