Alcazaba Independiente

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Los de la Alcazaba quedan en segunda línea de costa, apartados de las miradas de los que vagan por la playa o por el paseo. Son dos formas de deambular distintas, los partidarios de caminar sobre la arena no coinciden con los del pavimento.

Llegan con sus coches al inicio del verano. Aparcan con una bronca familiar para que nadie se escaquee de la descarga del equipaje. Tras la catarsis llega la paz. Los niños desaparecen, se van como Mowgli se adentraba en la selva. La calma no es duradera.

En los apartamentos organizan saraos a todas horas, improvisan aperitivos y programan más excursiones que el Imserso, pese a lo reducido de sus zonas comunitarias. Han perdido el norte, desconocen que la vida en Benicasim es un “anar fent”, y se dedican a romper la paz municipal, al margen de los dos grandes, el partido de la playa y el partido del paseo.

Han entrado en un apretado ciclo de actividades. Sí, porque hay que salir del Benicasim que los oprime, donde sea, Albocácer, Vinaroz, Peñíscola, Morella o San Mateo.

– Ese, ese no es alcazabeño.

Nadie puede alcanzar la condición de alcazabeño por comprar o alquilar un apartamento, la identidad se logra tras veinte años de vacaciones y siempre en segunda generación. Hay una vía rápida para adquirir la nacionalidad, convertirse en maestro paellero en permanente guardia al servicio de la comunidad. Es normal que oigas, con naturalidad, a un vecino refiriéndose a otro:

– Ese, ese no es alcazabeño.

Los apartamentos la Alcazaba son una nación, tienen signos de identidad, una historia en común y costumbres propias como se aprecia en esa forma tan suya de concebir el veraneo. Su bandera son los delfines del fondo de su piscina. Los Alcazaba no son Benicasim y luchan por salir del municipio, reclaman su derecho a decidir. ¿Qué miedo puede existir a la democracia? Cuando sean independientes prometen que el paro bajará hasta una tasa del 1 por ciento, incluso creen que no será necesario trabajar,  proponen que todos sus impuestos vayan a la Comunidad de Propietarios, en la seguridad que los administrarán mejor que los políticos. Dicen que su mundo es más auténtico, más original y su sistema educativo más natural.

Los niños regresan el día de vuelta a la ciudad, morenos, descalzos, los pies crecidos y el pelo largo.

 

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