Voramar de noche

voramar de noche

Ha sido un día raro, hasta mil veces parecía que iba a llover y no ha llovido. Queda luz natural, pero no sol, porque el edificio del hotel nos lo oculta. Se está bien, muy bien en Voramar, hace casi 100 años que alguien se sienta por aquí y piensa lo mismo. Se me antoja exagerado lo de Biarritz de Levante que se dice de Benicasim, fueron lugares muy distintos.

Nos coloca unos manteles individuales, de papel de embalar, llenos de los logos, a modo de estampado, del Torreón y de Voramar, restaurantes primos hermanos. Como somos el primer turno de cenas y aunque somos diez, no esperamos. El camarero, por supuesto de riguroso negro, nos reparte las cartas, mayoritariamente bocadillos y sándwiches, que algunos ya controlamos. Y se va a otra mesa.

Los demás comensales están por lo que hay que estar.

– ¿Te partes un serranito y un descapotable?

– Este es nuevo. Paseo por Castellón.

– Yo siempre me pido pollo al curry.

– Yo quiero un descapotable sin queso.

– ¿Nos pedimos unas cañitas, de momento?

Al iluminarse la terraza, me doy cuenta que también se han encendido las primeras luces de los apartamentos que dan al paseo y que la pincelada rosa que cruzaba el cielo ha desaparecido.

Llega el camarero con su libreta electrónica y no sé que pedir.

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