La Plaza de los Dolores

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Su forma triangular la hace singular.

En las dos últimas décadas ha ido cambiando la fisonomía de la plaza. Primero fue la colocación de una fuente, un surtidor gigante, que ya molestó a los puristas de la noche, que también los hay, y luego unos bancos. De las casitas de pueblo de una o dos plantas, que conformaban la plaza, quedan pocas, han sido sustituidas por edificios de pisos. Vaya nombre, Los Dolores.

Unos grupos de jóvenes se sienta en las mesas de las terrazas de la plaza y otros directamente en el suelo, esos montoncitos de suceden y crecen anárquicamente, como setas. La plaza intenta recuperar la vida nocturna perdida, único motivo por el que es conocida.

No tiene nada que ver con la concentración multitudinaria y con el lugar de encuentros juveniles de otro tiempo, pero la edad media es menor que la de las calles Bayer y Estatut. En la plaza de Los Dolores mandan las copas, en las calles las cenas. Allí los restaurantes han vencido a los garitos. En la esquina más cercana al Desierto hay dos pubs de rock cásico, Rock and Cooper, que ocupa el sitio de Trogolitro, y Perk. Rock adulto para demostrar que puede haber y hay una convivencia generacional en los gustos musicales. En los dos locales conviven gentes de veinte, treinta y cuarenta años. Yo, lo reconozco, no soy muy de rock, ni en música, ni en actitud, ni en estética. Habló con Ximo y Alexis que están al otro lado de la barra de Rock and Cooper.

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