El Palasiet

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El emplazamiento es fantástico, pero no me gustan los muebles de mimbre de las sillas y tumbonas de la terraza, y tampoco la marquesina. Reconozco que es un sitio tranquilo, propio del termalismo del que presume.

La terraza tiene dos marcos. Uno interior, el edificio del Hotel TERMAS MARINO PALASIET, donde estoy, que es una sucesión de balcones terraza que deben ser maravillosas para el huésped, y otro exterior, el pinar. Sobre los pinos, arriba de la colina, despunta un trocito de rótulo naranja, LISMO MARINO, está colgado en un edificio grande, también caracterizado por una sucesión de numerosos balcones terraza con vistas al mar. Ese hotel está abandonado desde hace más de veinte años. Voramar, El Palasiet y el Termalismo se encaran igual sobre Benicasim pero a diferentes alturas.

La barra de la terraza se llama Pura Vida. Bebemos los granizados y cantan las cigarras. Los clientes hospedados salen con bata blanca y hablan en voz baja. La zona del bar comparte superficie con una de las piscinas, cuya agua se derrama sobre Benicasim, a modo de cascada artificial, donde se asoma el bañista, puro verano, y encuentra un cedro ante sus ojos.

Dejó el hotel, me despide la escultura de una cabeza de caballo, que remata una barandilla. Raro es.

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