Entre Naranjos

naranjos

Es una isla de naranjos, una cuadricula de arbolitos verdes, colocados cada uno a dos metros del otro, ordenadamente y sin excepciones. Una isla entre la carretera Nacional y la autopista.

En el centro de la isla verde cruza una pista asfaltada y en mitad de la pista hay una masía. Hay quien cree que es el viejo Carmelitano, pero no es así. Confunde que tenga una capilla en la primera planta y conserve una abundante iconografía religiosa. La capilla es fácil de encontrar, está marcada por vidrios de colores. El edificio principal está escoltado por dos naves laterales, una es un almacén con un San Isidro hecho con azulejos y otra un muelle o aparcamiento con un San Antonio Abad. Sobre el porche, en la terraza, una Virgen tallada sostiene en brazos un niño Jesús decapitado. Las ventanas de toda la masía tienen la forma de las casas que dibujan los niños.

Hay dos porches en la fachada noble que está encarada al mar, mientras en el alzado que da al almacén, bajo 1761, escondido, un pequeño reloj de sol, encara el sur sin sentido, le falta aguja.

Las escaleras exteriores de la caseta frente a la masía me sirven de balcón. ¡Vaya! Pasa un tren. El euromed corta los campos de naranjos en dos. No me había fijado en la vía que es una cremallera que cierran y abren los trenes. Adivino en el horizonte las dos calles de Benicasim que corren paralelas a la costa desde La Curva a Voramar.

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