El Mas de Mingarro

mas mingarro

La montaña sigue subiendo, una indicación a mano derecha señala que el sendero que encontramos antes de entrar en la finca marca la meta, pero nos entretenemos en Mas de Mingarro, que también llaman Mas de Santa María. Los que corren por el Desierto no se paran, lo cruzan, cuesta arriba, por un sendero camino del Monasterio. Podían haber construido un castillo y optaron por un mas, por una civil masía, da igual, queda erguido, vigilando la plana y luciendo orgulloso sus 138 metros sobre el nivel del mar, de los que informa un viejo azulejo blanco con letras azules.

Edificada sobre un muro de contención que sirve para un marco de miradores con forma de herraduras que se abren desde la plataforma de entrada a la masía. Un número de la suerte, identifica la casa, 7. Un hombre que arregla las puertas y las ventanas del “mas” nos da el alto.

– Es propiedad privada.

En su mesa de operaciones tiene tumbada una puerta con vidrios de colores, iguales a los de las ventanas de la galería principal. A la izquierda, hacia Castellón, una ermita y un patio.

El patio es hermoso, fresco, y amplio, me choca. Tal vez fueran las caballerizas, la entrada real a la casa. En el patio se abren un lavadero rústico donde debía estar el establo y una cocina que está pidiendo a gritos desembocar en una mesa al aire libre para cenar a la fresca.

Dos terrazas en la primera planta, una al mar y otra a la montaña con las balaustradas rotas dan un aire de romanticismo al estado de abandono. Dos buenas atalayas donde sentarse a mirar y a valorar la recuperación del parque más de 20 años después de los graves incendios que los arrasaron en 1985 y 1992. Hay que fijarse mucho para ver esas pequeñas palmeras, palmitos o “margallons”, que caracterizan el paraje, pero las hay.

La fachada mira a la carretera que sube al desierto y a Benicasim. Sería un alojamiento turístico perfecto y al parecer ha habido proyectos pero no han cuajado.

El tejado es rojizo, el cielo es azulado.