Logos

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Entro a echar un vistazo a los bocadillos. Sí, soy de desayunar salado. Logos abre a las nueve y son las nueve y un minuto y no soy el primer cliente. Hay bocadillos atrevidos y apetecibles pero optó por un clásico de jamón ibérico, el pan de cristal lo hace algo diferente. Mientras salgo, suena música de los ochenta, “I just called to say I love you” de Steve Wonder, para los de mi generación el del anuncio de si bebes no conduzcas.

Me acomodo en la terraza a leer la prensa, sus sillas naranjas son horribles. Alguien ha tenido necesidad de ponerlas a juego con las correctas lámparas que alumbran el interior del local. Las luces tiene un diseño actual, sin encanto pero discreto. Como están abriendo, la camarera limpia las chillonas sillas naranjas con una bayeta amarilla. El camarero que me atendió en la barra me sirve, diligente, el bocadillo y el café. Los dos camareros, la rubia y el moreno, visten todo de negro. ¿Te extraña? Rodríguez me recomendó tomar algo aquí que no recuerdo. Me hablo de los gintonics y de algo más. ¿Qué era? Ya está. El rabo de cerdo, dice que es crujiente y se puede mordisquear detenidamente.

Un taller de bicis pegado al logos es el más veterano de los establecimientos para ciclistas de Benicasim que, por cierto, han proliferado en el pueblo. Los mecánicos se enfrentan a la defensiva a un hervidero de veraneantes impacientes que buscan o que piden o que exigen la reparación inmediata o la mágica puesta a punto de sus bicicletas.

El camarero de Logos sale con unos kilométricos bocadillos que entregan en las bicis, los mecánicos cambian la cara y los ciclistas suspiran.

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