La Coma

La Coma

No es Benicasim, es Borriol, pero no hay que ser fanáticos.

Uno debe elevarse hasta uno de los puntos más altos de la urbanización, en ese lugar huele a romero, a orégano y a tomillo. Desde esa altura, lucen en el valle las instalaciones deportivas de la Coma. En segundo plano del paisaje, el verde campo de golf, con un suelo de césped cuidado, sube por la ladera opuesta. Es diferente del paisaje de su entorno, no casa con las sierras litorales del Mediterráneo pero nadie puede afirmar, objetivamente, que sea feo o quede mal. Las pistas de padel, tenis y el campito de fútbol, también son verdes porque todas las instalaciones deportivas están rodeadas de árboles. Armoniosamente conviven desordenados pinos, altos cipreses, escuálidos álamos, viejos olivos y plateados sauces.

Giro a la derecha y levanto la mirada. El atardecer despide un sol naranja. Cae por Borriol, ilumina la villa que reluce dorada, creo que son los cristales de los edificios los que reflejan la luz. A la izquierda, asoma un trocito de Castellón de la Plana donde se encienden las primeras luces, amarillas, también doradas, como centelleantes pepitas de oro. Si anduviese diez minutos y me colocase en las colinas que dan a la Plana vería Benicasim, no, no lo voy a hacer. Borriol, Castellón de la Plana y Benicasim pertenecen a la Plana Alta, un nombre contradictorio.

La Coma2

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