Jotas Playa

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El uniforme de los camareros del Jotas es un polo grana, normal. ¡Cómo se agradece! La caña es Mahou, qué bien, y la trae un camarero, es feo. ¡Cómo se agradece! Uno se siente más cómodo entre los suyos. La cerveza está fresca y con espuma, que acompañan con un platillo con olivas y cacahuetes pelados cortesía de la casa, bien está. Suena música hortera y pretenciosa, no debiera importarme aunque es difícil saber si es peor la voz o la composición musical, vale, por aquí no paso.

Casi tocando a la caseta de madera que hace de Biblioteca del Mar, está la competencia del As, los separan unos treinta metros. Jotas y As son al paseo Bernat Artola lo que Pimpinela a la música. Leo que la playa de la Almadraba empieza en la Biblioteca por lo que ambos están en la playa de Torre San Vicente, tienen alma de chiringuito pero se cimentan, cada una, sobre una villa. Si el As se apellida Villa Sofía, el Jotas de la playa Vistamar. La terraza de la playa, como la del As, está llena de taburetes, deduzco que debe ser una norma municipal o una moda local.

Desde el toldo se riega a los clientes con agua pulverizada que no llega a mi esquina. Como estoy en la terraza de la playa, las conversaciones son animadas, no se producen silencios, ni los cañistas se adormecen y es que no hay amiguete que no quiera decir la suya. Justo delante se alinean hamacas de pago con sus colchonetas blanquiazules facilitando el rato de descanso en la playa. No hay que llevar silla, ni sombrilla, ni esterilla, ni latas, porque están las tumbonas y está el Jotas. Es fácil vivir de la hamaca a la barra y de la barra a la hamaca. Se necesita dinero, mas no mucho.

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